El ingenio monástico que guardaba el invierno incluso en pleno verano

La Elera de San Valentín, también llamada Nevera de los frailes, es uno de esos rincones históricos que sorprenden por su sencillez y su ingenio. Construida por los monjes del monasterio para almacenar nieve y conservar alimentos, esta estructura demuestra la importancia que tenía la gestión de recursos en la vida monástica.
Su forma circular y la profundidad del pozo permitían llenar el interior de nieve durante el invierno y mantenerla durante meses, creando un sistema de refrigeración totalmente natural. Hoy, aunque ya no cumple su función original, sigue siendo un testimonio excepcional de la arquitectura tradicional y de la capacidad de adaptación de la comunidad monástica.
El entorno que la rodea es tranquilo y agradable, ideal para paseos o fotografías que buscan capturar patrimonio rural. Además, forma parte de la Ruta de Bécquer, lo que la convierte en un complemento perfecto para una visita cultural más amplia en Fitero.
Es uno de esos lugares que, aunque discretos, cuentan una historia fascinante sobre cómo se vivía, trabajaba y se resolvían necesidades cotidianas hace siglos.